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domingo, 9 de agosto de 2009

Si vas a Pisac, no comas pizza


No porque la pizza sea mala, no la probé, pero tienes que comer EMPANADAS!
En la plaza de Pisac, luego de haber visitado las ruinas, busca una construcción azul que se llama: La Llama Azul (tiene un dibujito de una llama). Está en una esquina, pero ahi no vas a comer empanadas, sino que vas a seguir caminando por esa calle, hasta que te llame el olor a humo xD...

Habrá un pequeño hueco donde hay un horno gigante de piedra donde se hacen unas empanadas buenísimas de queso, carne y pollo.
La de carne no tiene nada fuera de lo común, pero la de pollo sabe a guiso y la de queso es como una pizza, en serio.

Cada una vale 2 soles y te quitan el hambre que te deja la caminata por las ruinas.
Valen la pena.





















Además de las empanadas, es más, antes de ellas, bajando de las ruinas, hay unas señoras que te exprimen naranjas y te dan un vasito de jugo por S/.1.50... simplemente buenísimo!

Acerca de lugares por descubrir

Cuando crees que ya lo has visto todo del Cuzco: la Plaza de Armas, la Catedral y las ruinas principales, el Valle Sagrado de los Incas llamado Urubamba te demuestra que hay algo más que eso.

La mayoría de turistas que bajan de Cuzco al Valle tienen un tiempo determinado (generalmente muy corto) para visitar las ruinas de Pisac y Ollantaytambo, incluso de ahi se van a Machu Picchu, todo en tiempo record. No tienen el tiempo para disfrutar otros lugares igual de increíbles e impresionantes.

Yo ya he ido 3 veces a Cuzco.
La primera vez fui una turista regular que recorrió la ciudad del Cuzco, Sacsayhuamán, Q'nqo, el Qoricancha, Pisac, Tipón, Ollantaytambo, Machu Picchu, etc, etc, etc...
La segunda vez fui un poco más aventurera y recorrí los Caminos del Inca por 4 días.
La semana pasada fue mi tercera vez en el Cuzco, pero esta vez estuve 5 días en el valle y solo uno en la ciudad.

Cuando crees que ya has visto paisajes demasiado irreales, construcciones monumentales y arquitectónicamente hermosas, el Valle Sagrado de los Incas tiene paisajes que te dejan simplemente sin palabras.




















Empezando por el río Urubamba, del cual me enamoré. Este río recorre el Valle y es escenario de muchas de mis fotos. Realmente es lindo.
Las ruinas de Pisac, las que los turistas generalmente visitan, toman foto y se van, yo las pude recorrer con tranquilidad y bajar a la plaza a pie, admirando muchas más ruinas y vistas que no todos tienen la oportunidad de ver.

Aparte de las ruinas conocidas, están los complejos de Moray y Maras.



















Se dice que Moray fue un centro de experimentación agrícola, ya que está compuesto por andenes circulares, cada uno con un microclima diferente. Esto permitía a los Incas probar la resistencia de los cultivos a una determinada altura y/o temperatura.


Maras está compuesto por salineras, es decir, pozos de agua salada, donde la sal se empoza una vez que el agua se evapora. Actualmente estas salineras son explotadas y se extraen más de 300kg de sal por pozo.


















Actualmente, el Urubamba tiene una amplia oferta de hoteles y restaurantes de primera.

El Aranwa es un hotel que no tiene nada que envidiarle a ningún hotel del Caribe, por ejemplo. Es un gran complejo con todas las comodidades posibles, con cuartos super cómodos, todos con televisores LCD y todos los baños tienen jacuzzi.
La pregunta es: ¿quién va a Cuzco, especialmente al Valle Sagrado y se queda disfrutando del hotel sin querer salir de él?


Yo, que ya he ido muchas veces, no me quejaría si me dejan vacacionar en un lugar así por unos cuantos días.


El Río Sagrado es otro hotel de la categoría "lujoso". Es más pequeño y personalizado. Todas las habitaciones tienen vista al río Urubamba, ¿debo decir algo más?

En fin. El Valle del Urubamba tiene mucho que ofrecer, lugares no muy visitados, por lo que aún no se encuentran abarrotados de turistas. Si piensas ir a Cuzco, dedícale un buen tiempo, es necesario.

Lo único que me deja un malestar es saber que viajar de Lima a Cuzco tiene el mismo precio que viajar a otros lugares en el extranjero. El Perú debería, en primer lugar, difundir el turismo en el interior.

Este país tiene muchos lugares maravillosos por conocer, descúbrelos :)

miércoles, 22 de julio de 2009

Acerca de salir de la capital y otras cosas


Me gusta viajar. Me considero un poco nómade por naturaleza. Me hastía un poco estar rodeada del mismo aire viciado o las mismas cosas, costumbres, comentarios y manías.


Me gusta alejarme de lo cotidiano, ser capaz de salir de la rutina, crear nuevas relaciones, descubrir nuevas emociones.


Me gusta ser capaz de alejarme y luego reencontrarme con aquello que es mío, que no he perdido, a pesar de la distancia, a pesar de todo. A pesar de haber descubierto que el pasto es más verde en otro lugar, puedo retornar y dejar que todo sea igual.


El último viaje que hice fue a Tarma, una pequeña ciudad a la cual se llega por medio de la carretera central, desde Lima. Aproximadamente 5 horas de viaje, por carretera asfaltada, un poco accidentada por los derrumbes del camino, pero segura después de todo.




Fue un viaje purificador, en cuerpo y alma.
Respiré aire puro, me llené de paisajes preciosos, me reí descontroladamente, caminé entre la naturaleza, me desconecté totalmente de la tecnología (específicamente el Internet), fui libre.

Me encanta tomar fotos, ya sea a personas, a paisajes, a animales, a plantas, lo que sea. Me encanta poder plasmar con un click todo un momento y saber que luego de un tiempo (cercano o lejano) podré recordarlo con todos los matices, colores, dimensiones y perspectivas.


Tarma es escenario de muchos paisajes increíbles. Ya sea una cueva (de Huagapo), ya sea vayas un poco más cerca de la selva y te encuentres con una catarata (del Tirol), ya sea recorras los Caminos del Inca por 13 kilómetros y llegues a estar a 3815msnm, en una montaña, puedas extender los brazos y sentir que puedes volar, contemplando el campo debajo de ti, sintiéndote en la cima del mundo.


Me encanta la sensación de liberación que se siente al salir de viaje. Escapas de todo aquello que te oprime, de tus obligaciones diarias, puedes olvidarte de todo. Y puedes empezar de nuevo, o simplemente seguir.

Me gusta lo que puedes aprender al irte de viaje. Más allá de lo que aprendas en los sitios turísticos y/o culturales que visites, lo que aprendes de la gente.

Cuando volvíamos de Tarma, me di cuenta que ya estábamos de vuelta a la capital porque el cielo se oscureció de repente, un manto de neblina gris cubría el cielo azul y las nubes blancas que habíamos observado horas atrás. Eché de menos ese cielo azul y el aire puro, el ambiente no contaminado por el ruido y el humo de los autos... aún lo extraño.


Sin embargo, y a pesar de lo mucho que me afecta el humo en general (y el del cigarro en particular), Lima es Lima, y no la cambiaría por nada.


Acepto la humedad, que hace que mi pelo se infle un poco, porque el aire contiene un poco más de calor que en climas secos. Porque el aire no es helado, aunque haga frío. Porque aunque llueva por un largo tiempo, no terminas totalmente empapado. Porque cuando sale sol, este no es abrasador, sino tan solo permite que te calientes un poquito. Porque cuando quieres ir a algún lado y no sabes cómo, los micros te pueden guiar, o al menos te llevarán a algún lugar.

Me gusta salir de viaje, porque, cuando me voy, me alejo de todo aquello que puede llegar a hastiarme en algún momento y, al estar lejos, me doy cuenta de lo mucho que lo aprecio.



Me gusta salir de viaje porque, al volver, te sientes como en casa, porque estás en casa.




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