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martes, 17 de abril de 2012

Mini relato de un cobrador divertido

El otro día olvidé escribir acerca de mi experiencia en la combi. Hace tiempo no me pasaban cosas divertidas en el transporte público (antes, cuando andaba en el micro verde, a cada rato pasaban cosas graciosas).

En fin, resulta que estaba en el paradero y una combi pequeña se para frente a mí y yo dudaba si subir o no. El cobrador, al percatarse que yo miraba dentro a ver si había un sitio libre y/o podría entrar parada (cosa que la verdad era un poco complicado por la cantidad de gente), me dijo: entre señorita, que el micro es de su tamaño. Adentro puede bailar, cantar, la conversación es gratis.

Me dio risa su comentario y entré a pesar de estar más apretada que un… hot dog en pan árabe (ok, no sé de donde salió eso pero en fin). Como la combi ya estaba bastante llena, el cobrador le dijo al chofer que ya no pare, que vaya por la izquierda, porque no entraba nadie más.

En eso, el chofer para en una esquina a recoger a una chica y el cobrador dice: claro, solo por ser mujer la estamos recogiendo. Y el chofer imagino que le respondió algo así como: si quieres no la recogías (la verdad que no alcancé a escucharlo a él), pero el cobrador le dijo: como no la vamos a recoger! si es como mi tía, la hermana de mi madre.

Yo me reía, y más aún cuando al llegar al Puente el cobrador dijo: voy a contar hasta 20, si todos los que deben bajar no bajan cuando termine de contar, arrancamos. Y, dicho y hecho, empezó a contar (gritar en realidad), del 1 al 20 en pleno Puente Primavera… Claro, había gente que lo callaba, pero otros nos reíamos, porque bueno, al menos, a mí me hizo el camino más entretenido.


martes, 11 de enero de 2011

Divagaciones vol. LVI “un gran UFF”

Uno de mis más grandes bienes es mi celular. No porque sea mi herramienta de trabajo (aunque podría serlo). No porque me haya costado un montón. Simplemente porque, es mi celular, pues.

Sin mi celular me sentiría perdida, además que sin él perdería muchos números importantes que no me sé de memoria. Esto último debido principalmente a que, gracias al celular, ya no tengo que aprenderme ningún número.

En fin, ¿a qué viene esto? A que hoy, casi pierdo mi celular. Casi lo dejo en realidad, abandonado, triste y solo.

Estaba en el micro y, como siempre, tenía mi celular en un bolsillo. Ya me había dado cuenta a lo largo del día que el bolsillo del pantalón que tenía puesto era un poco pequeño y el celular no entraba bien, pero hasta ese momento no se había salido.

Resulta que cuando me paré para pagar y bajarme pensé: me fijaré que tengo todas mis cosas antes de bajar. Sin embargo, antes de que eso suceda, una chica y un señor me señalaban el piso y me dijeron: se te cayó tu celular.

Es una entrada un poco sonsa, un poco corta, pero significa mucho para mí por dos razones:

1. Si ellos no me hubieran dicho que se me había caído el celular, probablemente sí me hubiera dado cuenta que me faltaba, pero no lo hubiera encontrado, porque estaba escondido debajo de un asiento y yo no lo veía desde donde estaba parada. Es decir, se hubiera perdido, probablemente.

2. Esto me demostró una vez más que en el mundo hay gente buena y honesta, que actúa sin esperar algo a cambio de sus acciones.

Normalmente, cuando algo importante se te pierde, o crees que lo has perdido, sientes que se te va la sangre del cuerpo y todo se vuelve frío. Eso no me pasó hoy porque no me di cuenta en realidad que estuve a punto de perder algo.

No quiero imaginarme qué hubiera pasado si me hubiera bajado sin mi celular. Fácil corría atrás del micro. Fácil me caía, qué se yo. Fácil nunca recuperaba mi celular porque estaba con tacos y me dolían los pies. Pero nada de eso importa, porque hay gente buena que logró evitar esta desgracia.

martes, 4 de enero de 2011

Divagaciones vol. LV “mi mamá me lo advirtió”

¿Por qué las mamás siempre tienen razón? Hay muchos casos que, aunque no son científicamente comprobados, lo demuestran.


Uno de esos casos lo viví hoy.

Mi mamá siempre me decía que ponga el seguro de la puerta cuando fuera a salir por un rato, por si la puerta se me cerraba y yo me quedaba afuera.

A veces, cuando me acordaba, lo hacía, pero no era algo que tuviera realmente presente. Total, podía salir con mi llave en la mano, no?

En fin, hoy la señora que va a limpiar mi casa me avisó que ya se iba, entonces yo la acompañé, saliendo por la puerta de la cocina, con las llaves en la mano. Abrí la puerta de la calle, la despedí, cerré la puerta de la calle y escuché: PUM. Y en mi mente pensé: oh no…

Cuando volví a la puerta de la cocina, se había cerrado, conmigo afuera. Miré las llaves que tenía en la mano y recordé que esa puerta NO se abría con esas llaves, porque la cerradura tenía laca adentro y se había pegado. Igual lo intenté. La llave no giraba.

Miré hacia arriba, considerando la posibilidad de trepar por las ventanas y entrar, pero mi cabeza no podía entrar entre las rejas… Mientras evaluaba las distintas posibilidades me reía, por lo gracioso de la situación: no poder entrar a mi casa teniendo las llaves.

Aquí están los hechos de la situación: no había nadie en mi casa, no tenía mi celular, no tenía ni un sol en el bolsillo, hacía demasiado calor. Para no quedarme sentada mientras mi mamá regresaba, decidí caminar por la calle. Me sentía un poco perdida y me reía sola mientras andaba porque no sabía a dónde estaba yendo.

Luego, escuché la voz de mi mamá en mi mente diciendo: te dije que pongas el seguro. En ese momento, la situación pasó de ser graciosa a ser un poco sonsa. Me sentí bien tonta por haberme quedado afuera. Luego pasó a ser una situación recontra estúpida.

Después de caminar ida y vuelta como media hora, volví a entrar a mi casa y me quedé parada en mi garaje mirando entre las rejas. En ese momento, la situación dejó de ser graciosa y estúpida, y pasó a ser simplemente triste y solitaria. Entonces, decidí hacer algo útil, así que regué el jardín de afuera, de paso que me refrescaba un poco porque hacía demasiado calor.

Terminé de regar y decidí que tenía que entrar a mi casa. Volví a coger la llave con un poco de recelo y la metí en la cerradura. No giraba. Pero podía empujar un poco la puerta. La empujé, me empotré, no una, no dos, sino tres veces, tal vez más.

En eso, la llave giró al lado contrario y sentí que la cerradura dio un golpe como cerrando (más) la puerta. Di la vuelta al lado contrario y el golpe volvió a sonar (pero ahora como para abrir la puerta). Di la vuelta otra vez mientras golpeaba una vez más la puerta y… entré :)
Estar en mi casa nunca había sido mejor :) Tenía sombra, tenía agua, podía ir al baño, me podía sentar…


Cuando mi mamá regresó y le conté riéndome lo que me había pasado (después de todo si es gracioso), me dijo dos cosas:

1. Te dije que pongas el seguro.
2. Arreglaste la puerta!


Bueno, al menos algo bueno salió de esta situación…

domingo, 17 de octubre de 2010

Divagaciones vol. XLIX "1-3-2 va sopa"

Hace tiempo no me pasaban cosas extrañas que tuvieran que ver con micros o cosas parecidas, pero ayer fue un día gracioso (sin contar que hubo un par de cosas para el olvido, esto vale la pena recordarlo).

Resulta que salíamos de la universidad un sábado de olimpiadas y yo me preguntaba si me dejarían subir a un micro con un cajón en la mano. Lo bueno de llevar un cajón mientras caminas es que, si te cansas, puedes sentarte en el camino. Y, si te dan ganas, tocar un festejo en plena avenida Pardo mientras tus amigas bailan y la gente voltea y te mira extraño.

A pesar de las miradas de confusión de la gente, ese tipo de cosas es divertida.

Pero más divertido es llegar a tu paradero y que, mientras esperas el micro el datero se acerque y te pida que toques algo, para que la gente se anime.
Digamos que nos pusimos a hacer show y al datero le gustó y se volvió nuestro amigo por un rato. Incluso nos contó lo que muchas personas ignoran pero quisieran saber: lo que significan los benditos números que los dateros le gritan a las combis y micros cuando pasan por los paraderos.

Digamos que pasaron varios micros verdes llenísimos a los cuales no entraba incluso sin el cajón, así que la espera fue larga. Durante ese tiempo el datero nos intentó explicar con ejemplos extraños lo que significaban los números, y creo que lo entendí.

Sinceramente, no sé cuál es el propósito de esta entrada (la mayoría de veces no lo sé, en realidad), y tampoco sé cómo terminarla, así que simplemente diré que la diversión puede estar en cualquier lado, sólo tienes que sentarte un rato (en un cajón o en donde sea) y esperar.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Divagaciones vol. XLV "relato de una odisea"


Lima está desastrosamente trágica en cuestiones de tránsito. Definitivamente.
Al parecer es una tendencia y una moda que todos decidan hacer sus obras al mismo tiempo (en épocas de elecciones tenía que ser) y las calles sean una desgracia.
Desde Aviación con el tren eléctrico, pasando por las desviaciones en Javier Prado con Guardia Civil, Angamos/Primavera y las "ampliaciones" de pista y un largo etcétera... la congestión de carros aumenta por todos lados, el mal humor de los conductores también, y el tiempo que uno pasa sentado en un micro, carro, o lo que sea, es demasiado...

En fin, muchas veces me provoca bajarme y llegar a mi destino caminando, cosa que puedo hacer cuando estoy en el micro, pero si estoy manejando sería un poco complicado (e irresponsable de mi parte) dejar el carro en medio de la pista e irme... (Sería divertido, pero creo que no lo haría)...

Ayer me pasó algo divertido con unas amigas :) divertido ahora, en ese momento fue bastante frustrante en realidad...
Íbamos a L'Artisan, un café nuevo que han abierto en la avenida Primavera. ¿A quién se le ocurre ir a comer a las 8:30 de la noche a un lugar por esa zona en esta época? Bueno, era por el cumpleaños de Quelo, así que como buenas amigas, fuimos :)

Para no "coger tráfico", Carla, Lía y Ana Lucía pasaron por mí un poco después de las 8:30... hasta ahí todo bien, porque en realidad no había tráfico. Tuvimos que pasar por Maya en el camino (en la esquina de Velasco Astete, donde está la tienda de Sony). Y bueno... ahí nos perdimos un poco.

En lugar de seguir una cuadra más, volteamos a la derecha... y bueno, nos encontramos en una calle cerrada (previo paso por un policía que hizo señas, pero Ana Lucía dijo: pasaaaa nomás!) que resulta que estaba en el lado OPUESTO al que debíamos haber estado. Problema. Nos metimos en la pista del centro siguiendo a un carro que "probablemente sabía por donde ir". Bueno, no lo sabía. Una policía lo hizo dar la vuelta y se fue. Nosotras estábamos atrás un poco perdidas sin saber a donde ir y la policía vino a nosotras y nos gritó por no ver la zanja que había en la pista y que, obviamente, no iba a dejarnos pasar por ahí.

Dimos la vuelta, avanzamos pensando que en algún momento podríamos voltear para la derecha y cruzar al otro lado. No, estaba cerrado también. Salimos por donde vinimos y nos encontramos con el primer policía que, medio en serio y medio en broma nos dijo: yo les iba a preguntar a dónde iban pero no me hicieron caso! y han estado dos horas dando vueltas!... (exageró, no fueron dos horas, sólo 15 minutos...).

Bueno, nos dijo cómo llegar al otro lado (en teoría): izquierda, avancen, izquierda. Le hicimos caso y llegamos a San Luis... queeee... estaba cerrado también! Ni modo, dimos la vuelta, otra vuelta... y estaba cerrado ese lado también, así que terminamos en el mismo punto en San Luis, otra vez. Avanzamos otra vez hasta el Pentagonito (donde habíamos estado hacía media hora) y a Carla se le prendió el foquito y dijo: ya sé como ir!!!!

Después de muchísimas vueltas pudimos llegar al lado correcto de Primavera :) y al restaurante :)... ¿A qué hora fue eso? 10 de la noche. Definitivamente las calles cerradas complican la vida. Y creo que ni un GPS podría determinar todas las rutas que actualmente se encuentran bloqueadas y, por lo tanto, no disponibles.

Voy a pensarlo dos veces la siguiente vez que tenga que ir por esos lados. Estudiaré un mapa, evaluaré rutas alternativas, o tal vez estacione el carro al otro lado de la Primavera y cruce caminando :) Eso hubiera sido simplemente más rápido.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Divagaciones vol. XVII "donde todo puede suceder"


¿Dónde más que en el micro (ya sea verde o de otro color) pueden sucederte cosas de lo más extrañas, chistosas, divertidas, etc, etc, etc.


Siendo el Perú un país en el que el sistema de transporte público es básicamente un caos, no me explico por qué a veces me gusta viajar en micro. Pero es que en realidad, puede resultar divertido.

Si bien me da rabia cuando estoy esperando en el paradero y los micros simplemente NO PARAN por mi, a veces he podido ver cosas divertidas gracias a eso.
Por ejemplo, un día vi cómo a una chica se le quedaba la sandalia en la pista mientras ella ya estaba en el micro. Felizmente para ella, el cobrador se dio cuenta y el micro no siguió avanzando... para que ella pudiera recoger su zapato!

He visto a gente perder el equilibrio dentro de los micros (me incluyo), ya que viajar en micro requiere una habilidad y un balance espectacularmente desarrollados.
Un día, casi me caigo de espaldas, pero tuve la ¿suerte? de que un señor me sujetara para que no aterrice sobre el suelo. Lo más chistoso es que el señor no dejó de pedirme perdón mientras yo le daba las gracias.

He pisado a mucha gente. Creo que ya compartí una de estas experiencias en una entrada anterior, cuando la señora simplemente miraba y no decía nada. Hace unos días sin embargo, pisé a un señor y esta vez sí me di cuenta más rápido y cuando le pedí disculpas el señor me preguntó si era china o japonesa xD... Fue un poco descuadrante, pero justo ya me tenía que bajar en el paradero y nunca entendí la razón de ser de su pregunta.

Me he olvidado cosas, y lo más divertido es que no me di cuenta y aún así recuperé mis cosas. ¿Cómo? Bueno, un amigo y yo bajamos del micro y él me dijo que no tenía su celular. Mientras yo creía que era una broma y él buscaba en sus bolsillos y en su mochila, el micro ya estaba a una cuadra de distancia. Para cuando a él se le ocurrió que se le podría haber caído el celular en el micro, este estaba en un semáforo, de modo que salió corriendo disparado y, por la ventana de atrás le hizo señas a la persona que estaba sentada en los que habían sido nuestros sitios para que buscara.
Grande sería mi sorpresa cuando, al volver, el no solo tenía su celular, sino también mi fólder archivador, que se había quedado olvidado sin que me diera cuenta.

En todos los micros que circulan por la capital (al menos aquellos que son lo suficientemente grandes y no están demasiado llenos), siempre pueden encontrarse shows andantes (desde cajoneros, hasta cantantes con guitarra y demás instrumentos), ofertas inigualables (todo un kit de lapiceros por 1 sol, resaltadores, correctores, llaveros, incluso aretes!!!), y nunca faltan aquellos que, luego de presentarse con el típíco: "señor, señora, joven amigo, señorita, joven estudiante (y derivados), lamento interrumpir su lindo viaje..." te ofrecen los también típicos Olé Olé (marshmellows con cobertura de chocolate), gomitas frugile (o como se escriba) o caramelos varios.

En realidad, puedes encontrar de todo en el micro.
Si bien los precios del pasaje varían de acuerdo a la distancia que viajas, si tienes carnet universitario o no, o del humor del cobrador, todas las experiencias que puedes vivir mientras viajas en micro... no tienen precio :)
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