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domingo, 13 de febrero de 2011

Retazos de ficción “mil rostros, mil facetas”

Puede ser que a ti no te importe, puede que para ti siga todo igual. Probablemente no piensas como yo, o como la mayoría de gente normal, que piensa que algo no puede ir del “todo” a la “nada” en menos de un pestañeo.

Tú puedes ir del negro al blanco en menos de un segundo, pasar de un estado de máxima euforia a un estado de depresión total. Puedes pasar de querer a alguien intensamente a odiarlo a más no poder, y viceversa.

¿Cómo puedes hacerlo? Yo no lo entiendo. No sé si alguien lo entienda. A mí me agotaría tener tal cantidad de sentimientos mezclados internamente, como múltiples personalidades que se superponen y no se pueden controlar, todas ellas luchando por salir a flote y sobrevivir.

A veces me gustaría que no me afecte lo que haces o dejas de hacer. Pero es imposible, eres parte de mí, y no puedo dejarte salir de mi vida así de la nada, aunque parece que tú si puedes hacerlo.

Puedes fingir que no te importa, puedes fingir que todo sigue igual, pero sabes que algo cambió. Sabes que hay algo que es diferente. Tal vez seas tú, tal vez seamos los demás. Tal vez tus mil rostros se han dejado ver tal cual son, tal vez todas las facetas se mezclaron en un remix confuso. Tal vez, después de todo este tiempo puedas dejar de fingir y empezar a ser alguien realmente auténtico.

Tal vez puedas dejar de mentirnos a la cara, como si no supiéramos la verdad. Tal vez puedas ser sincero al 100% y decir todo lo que quieres decir. Tal vez puedas decidir ser tú, tal cual, sin mezclas, sin confusiones. Tal vez en algún momento entiendas el significado de la amistad, del amor, del perdón, de los detalles y las cosas simples de la vida.

No sabemos cuándo suceda, no sabemos si sucederá. Pero sé que en ese momento podrás querer de verdad.

domingo, 16 de enero de 2011

Retazos de ficción: psicoanálisis

El otro día te pregunté si pensabas que estaba loca. Me dijiste que yo podía ser cualquier cosa, menos estar realmente loca.“Todo el mundo comete locuras, pero eso no quiere decir necesariamente que esté mal de la cabeza”.

El otro día te pregunté si tenías tu vida resuelta. Me dijiste que tenías muchos planes, pero era difícil concretar algo entre tantas cosas en tu mente.“Todo el mundo intenta abarcar y hacer muchas cosas en la vida, y al final termina haciendo nada, perdiéndose entre las muchas cosas que quiere hacer en algún momento”.

El otro día te pregunté muchas cosas. Me dijiste que no tenías respuesta para todas ellas.
“Hay muchas cosas que nos pasan en un momento determinado que no comprendemos, simplemente suceden, y tenemos que vivir con ello y las consecuencias de eso. A veces, basta avanzar unos cuantos años para adelante y luego mirar atrás. Es ahí donde al fin puedes comprender el sentido de todo lo que te pasó”.

Antes del otro día, era una persona que sabía ciertas cosas sobre la vida. Después del otro día, puedo decir que sé un poquito más, que he aprendido algunas cosas importantes y que ahora entiendo mucho más que antes. Ahora, al fin, puedo encontrar un poco más de sentido.
“Sólo mirando hacia atrás puedes unir los puntos”.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Retazos de ficción: volar


Entro y el pájaro me mira con una sonrisa casi burlona, con la cabeza inclinada para un lado y los ojos muy abiertos. Me da risa su expresión, pero al mismo tiempo me intimida su mirada, fija, como atento a cualquier movimiento, como sabiendo que, haga lo que haga, será más rápido que yo. 

Está quieto, muy quieto. Yo quiero avanzar, pero no quiero hacer ningún movimiento que lo asuste y luego me arrepienta. Parece un duelo de miradas, donde pierde el que se mueve o parpadea primero. Cada uno atento al movimiento del otro, intentando anticiparse. 

De repente, el pájaro deja de mirarme, como si ya no le importara que yo esté ahí, como si mi presencia no le interesara, como si ya se hubiera acostumbrado a mí. Avanza poco a poco con sus patitas marcando el suelo, siempre inclinando la cabeza, con esa expresión curiosa, como si le llamara la atención lo que ve. 

No me muevo, casi ni respiro, me tiemblan un poco las rodillas, porque no sé si quedarme ahí o salir corriendo. El pájaro detiene su caminata por el suelo y abre las alas. Yo cierro los ojos y puedo escuchar su fuerte aleteo muy cerca, demasiado cerca.

Instintivamente me agacho, aún con los ojos cerrados, y los brazos por encima de mi cabeza. Dejo de oír sus alas, ahora sólo oigo el silencio acompañando los latidos de mi corazón.

Me volteo, miro la ventana. Veo un pájaro volar a lo lejos. Lo miro alejarse y unirse a una bandada de pájaros que hay en el cielo. A veces quisiera poder volar, sentir que soy más ligera que el viento y nada me puede alcanzar.

Foto propia.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Retazos de ficción: recuerdos...

Te vi ahí afuera, de pie.
Pensativo, con las manos en los bolsillos.
Con la nostalgia en los ojos, como recordando el pasado.
Una sonrisa melancólica adornaba tu rostro.
Me miraste y dijiste: hola.
Sonreí. Sonreíste, ahora de verdad.
Me abrazaste, como si fuera ayer, como si no hubiera mañana.
Y luego te marchaste, otra vez.
Como ayer, como quién sabe si mañana también.
Quién sabe si algún día te veré volver.

domingo, 8 de agosto de 2010

Retazos de ficción: nada demasiado revelador...

¿Dónde estás? ¿Acaso te encuentras en el punto de no retornar?

Yo me encuentro en el punto donde aún puedo decidir, si quiero seguir o si es mejor dar un paso atrás.
Aún no es algo de vida o muerte si quiere ser, o si quiere dejarlo ir.

Quién dice que no es una coincidencia. Quién dice que no lo quiso el destino. Quién dice que debe o no debe ser.

Yo me encuentro sentada, sola, pensando, reflexionando, dando vueltas, preguntando.
Aún no entiendo nada, aún no hay una respuesta clara.

¿Te vas a negar? ¿Lo vas a aceptar?

Yo me encuentro en silencio... aún...

viernes, 16 de julio de 2010

Retazos de ficción: zona de promesas


"Tarda en llegar...
Y al final, al final...
Hay recompensa...
En la zona de promesas..."
- Soda Stereo

Hace años... alguien te hizo una promesa indirecta. En ese momento lo dejaste pasar, como cualquier otro comentario que se hace al azar, como por decir algo, como por llenar un vacío. Lo olvidaste, por años, por muchos años no lo tomaste en cuenta.

Hace poco te ocurrió algo especial, sin pensarlo, sin planearlo. Lo viviste, simplemente disfrutaste el momento. Sonreíste y recordaste un poco el pasado.

Hace un rato desenterraste algunos recuerdos. En medio de la nostalgia, viste algo que te sorprendió. Un recuerdo, una memoria clara, más clara que nunca. Y volviste a sonreír, porque, sin querer, sin planearlo... tardó en llegar, y al final... se cumplió.

domingo, 11 de abril de 2010

Retazos de ficción: abrázame fuerte


Ella te miró y no dijo nada.
Simplemente se paró frente a ti con la mirada perdida en un punto fijo de tu rostro.
No parpadeaba, porque sabía que si lo hacía, más de una lágrima saldría.

Abriste la boca para decir algo, pero ella te detuvo.
Te pidió que no dijeras nada.
Te miró de nuevo, con ojos suplicantes.
Luego cerró los ojos y te pidió que la abraces.

Tú, silenciosamente, la abrazaste.
Ella te pidió que la abraces más fuerte.
Por un momento llegaste a pensar que había dejado de respirar.
Ella aguantaba un poco la respiración, porque no quería sollozar.

Apoyaste tu rostro en su cabeza, sentías sus manos en tu espalda.
Y, de repente, las lágrimas no dejaban de salir.
Podías sentirla temblando entre tus brazos.
Impotente, desgarrada, molesta por no poder contener las lágrimas ni el dolor.

Sentías la humedad de sus lágrimas a través de la tela de tu ropa.
Sentías el calor de su respiración entrecortada.
No sabías que decir, tal vez era mejor no decir nada.
Ella no esperaba ningún comentario profundo.
Tan solo quería que la abraces, fuerte, y le dijeras: todo va a estar bien.


((y esta es mi entrada número 100)) :D

miércoles, 17 de marzo de 2010

Retazos de ficción: perfume

















Te he encontrado de muchas formas en mi vida. Y de qué formas. Nos hemos encontrado y desencontrado. Nos hemos visto y escondido. Y luego nunca más.

Hoy volví a sentir tu presencia de un modo impredecible. Sentada, con los ojos cerrados, pude sentir tu perfume. No sé si lo sigas usando, no sé por qué lo recuerdo, pero sabía que era el que yo sentía cada vez que te tenía cerca, cada vez que te abrazaba, cada vez que te miraba.

Ese olor dulzón, embriagante, estupefaciente. Simplemente me nubla los sentidos, como siempre. Abrí los ojos, desorientada, perdida, no sabía dónde estaba. Me sentía como en una regresión al pasado, donde todo volvía a repetirse. Pero no, no estabas. Tan sólo fue una estela, un recuerdo de algo que fue, y ya no está.

Volví a cerrar mis ojos mientras volvía a sentir tu perfume, esta vez en mi mente, si es que eso es posible... En mis recuerdos volví a recrear ese aroma particular, que tanto me confundía. En mis recuerdos te vi, otra vez, como antes, como siempre...

viernes, 26 de febrero de 2010

Retazos de ficción: cuando menos lo esperas...


Años. Pasaron años. Hasta que lo encontré.

Lo había intentado de todas las formas posibles, en todas las variantes.
Lo había intentado tanto, que desistí luego de un tiempo.
Sí, me rendí.

Años. Pasaron años.

Muchas personas desfilaron frente a mis ojos.
Muchos veranos pasaron frente a mi vida.
Muchas olas, partidos de fútbol, recuerdos, fotografías mentales.

Años. Pasaron tantos años, que casi ya lo había olvidado.

Pero todo vuelve.
El círculo se cerró y volvió al comienzo.
Tuve una revelación, un impulso, una idea.

Años. Años sin encontrar una respuesta.

Pero lo encontré.
Sólo para descubrir que nada había cambiado, que todo seguía igual.
Pero estaba algo equivocada después de todo.

Años. Años engañada.

Por una letra, por una palabra mal escrita, malinterpretada.
Pero han pasado tantos años, tanto tiempo, que me pregunto si vale la pena.
¿Valió la pena? Valió la pena... ¿y ahora qué?

Años. Seguirán pasando años.

Pero ahora todo tiene sentido.

Retazos de ficción: quédate a mi lado





















Vueltas y más vueltas. Una mezcla de cansancio y alcohol. Las palabras, las risas, las miradas se confunden. Vueltas, todo da mil vueltas.

Nosotros damos vueltas, y felizmente me sostienes, porque sino caería, mareada por tantas vueltas. Vueltas, vueltas y más vueltas.

La música me llama, las luces me confunden. Y tú estás cerca, cerca, en medio de tantas vueltas.

Puede que la música se apague. Puede que las vueltas paren, agradezco que paren. Puede que estés más lejos y esto llegue a dejar de ser real, para convertirse en un recuerdo.
Puede que ya nada siga igual, pero puedo cerrar los ojos y revivir el momento.

Todo da tantas vueltas, que puede que nos encontremos de nuevo. Dando vueltas y más vueltas. Puede que entre vuelta y vuelta, vuelvas.

jueves, 14 de enero de 2010

Retazos de ficción: catarsis


((Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia))

- ¿Estás bien?
- Sí
- ¿Segura?
- ... Sí...
- No estás bien.
- ...
- Te conozco, no estás bien.
- Entonces no preguntes, pués.

Ella sabía que no debía reaccionar así, él no lo merecía (tanto). Pero le empezaba a molestar su actitud de "yo lo sé todo y ningún detalle se me escapa". Detestable.
La verdad es que últimamente estaba con la paciencia por los suelos y se sentía mal por eso. Por todo.

En primer lugar, tenía la sensación de no estar haciendo nada bien.
Toda su vida se había esforzado por ser alguien, por lograr algo, porque alguien estuviera orgulloso de ella. Pero al parecer ya no era suficiente. Tal vez era hora de hacer algo extraordinario, pero estaba cansada, cansada de haber hecho siempre "las cosas bien".

En segundo lugar, sentía que le estaban cortando las alas, que no la dejaban crecer en algunos aspectos, y en otros la dejaban a la interperie. Tal vez la burbuja en la que vivía se había reventado. Tal vez la burbuja se hacía cada vez más pequeña hasta aplastarla. Tal vez la burbuja nunca existió y fue algo que estaba en su imaginación.

En tercer lugar, se sentía sola, como si nadie la comprendiera. Sentía que no podía hablar con nadie de lo que en realidad pasaba por su mente. Sabía que todo el mundo pensaba que su vida era perfecta, y que, si algo andaba mal, sabía disimularlo muy bien, porque "no le afectaba".

Pero ya estaba harta. Harta de fingir que todo estaba bien, que nada le podía hacer daño, que nada le afectaba. Si seguía así iba a morirse de un desgarro interno, podía sentirlo. Y no había nada más feo que morir por dentro.

Sentía que él la seguía mirando mientras ella le daba la espalda y caminaba lejos de él. Podía ver su mirada abatida aunque no lo estuviera mirando. Podía sentir sus ojos resentidos, o tal vez tristes, porque ella lo estaba tratando de esa manera. Pero no había forma de que él lo entendiera. Ya había intentado explicarle muchas veces lo que le pasaba de forma indirecta, pero él nunca pudo leer entre líneas, sólo puntualizaba detalles en lo que ella decía.

Y ella no quería decir directamente lo que estaba sucediendo. Eso sería autocompadecerse. Algunos dirían que sería mostrar un lado humano, frágil, débil, y sentirían lástima. Lo que menos le gustaba era la lástima, la enfermaba. Podía estar llevando un asunto muy bien, pero si a alguien se le ocurría sentir lástima por ella, la destrozaba, la traía abajo y le era muy difícil levantarse.

Para ella, el dolor físico era en cierta medida aguantable. Podía vivir con eso, o al menos eso creía. Pero el dolor emocional la hería en lo más profundo. Llorar, para ella, era algo demasiado doloroso.
Sentía las ganas de llorar en el pecho. Si intentaba aguantarse, le dolía por el corazón, sentía que algo la oprimía y las lágrimas empezaban a fluír por sus ojos.
Gotas de agua salada salían involuntariamente, calientes, mojando todo a su paso.
No podía ver nada con los ojos nublados, pero era un modo de desahogarse. Sentía dolor. Sentía el dolor salir a borbotones y deslizarse por su piel... y perderse.

*fin*


martes, 5 de enero de 2010

Retazos de ficción


((Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia))

Ambos sabían que era imposible.
Pero aún así habían miradas.
Él la miraba a ella, ella lo miraba de vuelta y sus miradas se encontraban.
Ella sonreía, él sonreía de vuelta y ambos se reían.

Se comprendían, aunque no entendieran de qué manera.
Intercambiaban miradas cómplices, aunque no supieran cómplices de qué eran.
Encogían los hombros, porque no sabían qué tenían que comprender.

Él era correcto, todo un caballero.
Ella era una dama, nunca dio pie a nada.
Caminaban lado a lado y sus brazos se rozaban.
Se sentaban frente a frente, y simplemente se miraban. Y sonreían.

Antes de dormir, ella pensaba en él, en su voz y en sus ojos que se entrecerraban al sonreír.
Antes de partir, él pensaba en ella, en sus abrazos y en sus palabras entrecortadas al decir adiós.

*fin*
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